"LAS PALABRAS DEL DESCONOCIDO", NUEVA NOVELA DE JOSÉ MANUEL CRUZ

EXPOSICIÓN "WARHOL / POLLOCK" EN EL MUSEO THYSSEN DE MADRID: ENFOQUES Y PERSPECTIVAS


Desde el pasado 21 de octubre hasta el próximo 25 de enero de 2026, se celebra en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid la exposición Warhol, Pollock y otos espacios americanos. Como el título de la misma anuncia, en ella podemos ver cuadros de Andy Warhol y Jackson Pollock pero, además, los mismos también están acompañados por obras de otros artistas coetáneos como Mark Rothko, Robert Rauschenberg, Lee Krasner, Anne Ryan, Audrey Flack, Hedda Sterne, Helen Frankenthaler, Perle Fine y la venezolana Marisol. El propósito de la exposición es reflexionar sobre una cuestión, más bien una contraposición, que se presenta como evidente pero que la observación cuidadosa de las trayectorias creativas de los artistas referidos ponen seriamente en duda: ¿son el pop-art y el expresionismo abstracto estadounidenses de posguerra dos tendencias absolutamente contrapuestas y radicalmente diferenciadas?¿O existen vasos comunicantes entre las mismas?¿Se puede establecer una frontera taxativa y e En principio, las características de cada movimiento parecen claramente delimitadas y opuestas entre sí. El pop-art se basaría en una concepción figurativa a la que le inyectarían fuertes dosis de ironía y distanciamiento crítico-humorístico frente a muchas realidades sociales de su época. Por su parte, el expresionismo abstracto convertiría el cuadro en una pieza sin referencias visuales que permitan establecer conexiones o vínculos con elementos reales y serían la pura plasmación en el lienzo de emociones o sentimientos personales que el espectador percibiría a través de los colores, de las pinceladas y de las combinaciones de formas, trazos y vacíos.


Number 27 (1950) de Jackson Pollock


Yarn Painting (1983) de Andy Warhol


Lo primero que hay que decir es que expresionismo abstracto y pop-art no son dos corrientes que surgen simultáneamente ya que el primero lo antecede y el segundo formaría parte de la reacción a los movimientos dominantes con carácter previo. Efectivamente, en la década de los 40 y 50 del pasado siglo se gestaron al mismo tiempo en Europa y Estados Unidos una serie de tendencias que se podían denominar como "informalistas" (también podríamos incluir, por muchos rasgos coincidentes a las denominadas como "matéricas"), las cuales se caracterizan porque en ellas los artistas están liberados de cualquier voluntad representativa, no conceden ninguna importancia ni a la estructura ni a la organización compositiva (algo que podrá tener su origen en lo que comentamos sobre Matisse en nuestro artículo inmediatamente anterior), renuncian a la geometría, a los colores planos y a todo lo que sea elaboración racional de la obra de arte. Se insiste, por el contrario, en valorar la libre expresividad del sujeto creador y su libre proyección tanto psicológica como corporal sobre el soporte pictórico. Dentro de esta línea, se halla la pintura "sígnica" y "textual" (Wols, Georges Mathieu, Hans Hartung, Henri Michaux), el "grupo CoBrA" (denominación proveniente del hecho de que sus integrantes procedían de Copenhague, Bruselas y Amsterdam), los artistas del grupo japonés Gutai y, precisamente, la action painting o expresionismo abstracto estadounidense, donde están Jackson Pollock, Franz Kline, Willem de Kooning y Mark Tobey y, próximo aunque con rasgos propios muy personales, Mark Rothko. En los años 60, surgen las llamadas tendencias "neorrepresentativas" o "neoicónicas" como reacción al informalismo predominante de los años 50 y, dentro de las mismas, ocupa un lugar crucial el pop-art. Aunque podríamos situar el arranque de esta última en la obra ¿Es esto a lo que hace a los hogares de hoy tan diferentes, tan agradables? del año de 1956 de Richard Hamilton, no será hasta 1961 cuando irrumpe con fuerza y logra una repercusión decisiva en la Bienal de Venecia de 1964 y en el Documenta de Kassel de 1968. Aparte del archiconocido Andy Warhol, dentro de esta corriente hay que nombrar a Robert Rauschenberg, Claes Oldenburg, Tom Wesselmanny y Roy Lichtenstein.

 

En la parte superior, las dos versiones que Andy Warhol pintó de la botella de Coca-Cola. La de la izquierda (1961) conserva muchos rasgos del expresionismo abstracto de los 50. La de la derecha (1962), perfectamente delimitada sobre un fondo uniforme y homogéneo, se integra plenamente en los postulados del pop-art. Los asesores de Warhol le aconsejaron que expusiera la segunda como representación de una nueva época


El recorrido por la exposición nos demuestra que los arranques de Pollock entroncan con cierta concepción figurativa de la pintura. En el inicio de la misma, las similitudes entre Untitled (1940) de Lee Krasner y Untitled (Figure Composition) (hacia 1938-1941) de Jackson Pollock son, a este respecto, altamente relevantes y significativas. Birth (hacia 1941), Direction (1945), Night Mist (1944-1945) y Portrait of  H. M. (1945), todos de Pollock, muestran aún inequívocos rastros figurativos que ya quedan completamente disueltos y evaporados en Brown and Silver I (hacia 1951). Es decir, podríamos afirmar que la action painting o expresionismo abstracto no habría surgido por generación espontánea sino que sería algo así como la stazione termini o destino final de un proceso previo de eliminación y configuración. Al mismo tiempo, si analizamos el hilo temporal de los cuadros de Andy Warhol que se exponen en la muestra, podríamos apreciar algo así como una especie de viaje de ida y vuelta. En la parte superior de este párrafo, reproducimos las dos versiones que Warhol pintó en 1961-1962 de la botella de Coca-Cola. Una de ellas, con rasgos muy cercanos a los propios del expresionismo abstracto, con gruesas pinceladas realizadas libremente en la esquina superior derecha del lienzo y un fondo sin forma renuente a cualquier tipo de ordenación geométrica. La otra, impregnada ya completamente de los postulados del pop-art, con un fondo uniforme y homogéneo y unos trazos pulcros y nítidos. Los asesores de Warhol le aconsejaron que expusiera la segunda versión porque venía a ser la representación de una nueva época que rompía con la anterior (inequívocamente informalista). Pero este hecho no nos debe ocultar que el punto de partida de Warhol era la corriente dominante en su tiempo y que, como pasó con Pollock, pasó a otro tipo de propuestas por un proceso de evolución. Por otra parte, sus obras van experimentando una sistemática disolución de la figura que llega a su paroxismo en las piezas denominadas Oxidation (fechadas en 1977-1978 y 1979),  Piss Painting (1977-1978), Diamond Dust Shadows (hacia 1979), Shadows (1978-1979) y Yarn y Yarn Painting (1983) pero que ya estaba presente, por ejemplo, en Piss Painting de, nada menos, que 1961. La conclusión no puede ser otra que, lo que parecía división tajante entre las dos corrientes, encierra numerosas (y sugestivas) conexiones y vasos comunicantes.

 

 

A la izqda., Untitled (1945) de Jackson Pollock. A la dcha., Oxidation (1979) de Andy Warhol


Lejos de ser un debate puramente erudito o académico, la cuestión central de la exposición nos lleva a una reflexión fundamental sobre la relación entre el artista y la realidad en los siglos XX y XXI (también podríamos decir entre el creador y la realidad). Como ya apuntamos en nuestro artículo sobre Fernando Delapuente, sobre la obra teatral Personas, lugares y cosas, sobre las fotografías realizadas con cámaras Leica, sobre Robert Capa o sobre Henri Matisse, dicha relación ya no es nunca armoniosa sino siempre conflictiva. Y, además, dicho aspecto puede ser expresado con plena libertad y sin cortapisas formales, académicas o sociales. Si en el Renacimiento, por ejemplo, Miguel Ángel solo pudo manifestar su desagrado esculpiendo de forma simbólica esclavos desnudos para el sepulcro de Julio II, en el siglo XX se puede volcar ese mismo sentimiento con un torrente de pinceladas sobre el lienzo sin orden ni concierto aparentes sino solo atendiendo al propio estado de ánimo, como hace el expresionismo abstracto, o utilizando los iconos más representativos del entorno circundante para reinterpretarlos en modo irónico, crítico o sarcástico, como hace el pop-art. En la medida en que cada forma de hacerlo no es más que una alternativa para una misma actitud (la realidad resulta áspera, hostil, acerba o insana), cada uno de esos caminos puede llegar a ser fácilmente intercambiable porque, en el fondo, el sustrato (o sea, la actitud frente a la realidad) permanece en todo momento invariable. Eso es lo que nos enseña la exposición Warhol/Pollock del Museo Thyssen de Madrid, la cual, más allá de criterios academicistas, nos enseña una verdad esencial, fundamental y clave de todo el arte contemporáneo que nos puede ayudar decisivamente para su comprensión.

 

VÍDEO DE LA EXPOSICIÓN

En el siguiente vídeo, pueden ver imágenes de la exposición comentada:

 

 


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