"LAS PALABRAS DEL DESCONOCIDO", NUEVA NOVELA DE JOSÉ MANUEL CRUZ

"MADRES DE TANDIL" DE GONZALO GARCÍA-PELAYO: CELEBRACIÓN DE LA MATERNIDAD

 

Tras la realización entre 2021 y 2022 de los diez títulos que integraban la serie de El año de las 10 + 1 películas y, posteriormente, entre 2023 y 2024, de los que formaron parte de la serie Otro año, diez más, los cuales, todos ellos, pueden ser vistos en la web cinepelayo.com, Gonzalo García-Pelayo, desde 2024, está en el empeño de completar su tercer ciclo consecutivo, Terceras dddiez, que, después de PedidosYa, Felicidad suplente, Cantar desnuda, Deseaba llamarla SUMISIÓN pero con el sexo nunca sé bien lo que quieroSin música Mujeres de Tandil 1 (Niñas 3), llega, ahora, a su séptima entrega con Madres de Tandil (Mujeres 2) –films que también pueden verse ya en la web antes mencionada–. En Madres de Tandil, vamos asistiendo a una sucesión de confesiones de diferentes madres recientes sobre su experiencia, el modo en que decidieron acceder a la maternidad, las vivencias que han experimentado con su nueva condición y todo lo que las mismas les ha aportado. Madres de Tandil viene a ser un cruce de caminos entre varias de las líneas temáticas que el director ha trazado a lo largo de su filmografía. Es, como su propio nombre indica, una continuación de la trilogía formada por Niñas (2014), Niñas 2 (2016) y Mujeres heridas (2016), tres películas que representaban en conjunto tres edades de la mujer (niñez, adolescencia y madurez). Pero también es continuación de esos desenlaces de tantas de sus películas en los que el albor de la maternidad viene a ser la consumación de un milagro que se ha ido gestado a lo largo de toda la historia, el momento sublime que justifica por sí mismo la narrativa que hemos contemplado y que es sobre el que la propia película se sustenta: Vivir en Sevilla (1978), Rocío y José (1982), Alegrías de Cádiz (2013), Ainur (2021)... Es, simultáneamente, una forma de ahondar en un hecho que, por ejemplo, en Chicas en Kerala (2022) tenía una presencia destacada pero que no constituía el centro del film. Y, sin completar tal vez todas las posibilidades de continuidad que podemos detectar, Madres de Tandil es el complemento perfecto a esas maternidades elusivas que podemos ver en Dos hermanas: Paula (2024), Dos hermanas: Pilar (2024) y Angkor, Camboya: Damiana (2024).

 

Arriba, dibujo que recrea una escena de Madres de Tandil de Gonzalo García-Pelayo 

 

Porque, siendo paradójicamente un cruce de caminos, al mismo tiempo Madres de Tandil viene a completar aquello que en los anteriores films del director no habíamos visto. Habíamos sido testigos, sobre todo, de las mujeres que han decidido que van a ser madres y, en algún caso, de madres que se habían apartado de la maternidad alcanzada. Y un caso, el de Chicas en Kerala, en el que la maternidad tenía peso específico en la trama. Lo que no habíamos visto nunca con carácter tan exhaustivo en ningún título de Gonzalo García-Pelayo es una exploración tan sistemática y minuciosa de qué es la maternidad. Viene a ser así, en el conjunto de la filmografía del realizador, una película que podríamos denominar postmilagrosa. Tras el milagro con el que concluyen sus historias, ¿qué es lo que sucede? Nunca lo habíamos contemplado y en Madres de Tandil tenemos la oportunidad de contemplarlo. Porque hay que decir que el film es toda una mayúscula y descomunal celebración de la maternidad, de la celebración del hecho de la maternidad por sí mismo, per se, habría que recalcar, frente a otros títulos actuales que también hablan de ella pero que se centran más bien en las dificultades y circunstancias en las que la misma tiene que desenvolverse. No es el caso de Madres de Tandil, donde las secuencias siempre rezuman alegría, felicidad y optimismo. No se ignoran los problemas y dificultades asociados al hecho de la maternidad pero los sucesivos testimonios desprenden un júbilo cuya banda sonora perfecta podría ser, por espíritu, la música de Johann Sebastian Bach. Las canciones que acompañan al film son de Fernando Arduán (que ya puso música a Alegrías de Cádiz) que es un cantautor que, a modo de confirmación de lo dicho, también se aleja de tristezas y oscuridades para inclinarse por lo alegre y luminoso. La película, desde esa perspectiva, opta por una gran sencillez formal: la madres hablan, sentadas, con un fondo negro detrás y, para recrear el ecosistema emocional en el que estas mujeres tienen que moverse, los niños actúan con plena libertad rompiendo muchas veces la dinámica de la secuencia porque es lo que representan los niños para las madres: ellos son los absolutos protagonistas de sus vidas (terminan siendo los absolutos protagonistas de cada momento del film) aunque no ocupen el centro de la escena. 

 

Arriba, dibujo que recrea una escena de Madres de Tandil de Gonzalo García-Pelayo

 

La extrema sobriedad formal de Madres de Tandil tiene consistencia tanto filosófica como, incluso, matemática. Filosófica porque la búsqueda de la esencia absoluta de un hecho solo se puede hacer desbrozando lo accesorio y dejando al aire única y exclusivamente lo fundamental e irrenunciable, el núcleo decisivamente definidor del ente observado y analizado. Matemática (y hablo de la consistencia matemática porque Gonzalo García-Pelayo, dentro de su polifacetismo, escribió junto a Ricardo Peytavi el libro Demostración de la conjetura de Goldbach e inecuaciones de los números primos) porque, si hemos dicho que Madres de Tandil es una encrucijada de caminos previos del director, ello sería equivalente en matemáticas a una intersección de conjuntos y el resultado de dicha intersección es imposible que tenga más elementos que los elementos que se incluyen en los conjuntos previos. lo más probable (y lo más normal) es que siempre tenga menos. Por uno u otro camino, la única alternativa estilística posible es la de un asumido y consciente ascetismo, una deliberada austeridad. Y, de este modo, eliminando lo sobrante, atendiendo solo a que la cámara capte, atrape y filme la realidad en su más desnuda condición, acabamos viendo la vida, la plena vida. Cuando el cineasta y crítico Paulino Viota vio la película Copla (2015) de Gonzalo García-Pelayo, afirmó: "Por primera vez, veo mujeres de verdad en el cine". Tomo hoy esa frase para decir que, posiblemente, con Madres de Tandil, vemos, por primera vez, madres de verdad en el cine. Algo que trasciende el carácter de documental de la película para convertir la cámara en registro fiel y fidedigno de la vida en pálpito. Los rostros y las miradas de las madres son las imágenes de Madres de Tandil para la eternidad porque reflejan un sentimiento tan sincero, incondicional y conmovedor que logrará ser comprendido por cualquier espectador en cualquier lugar del mundo pasen los años que pasen. En Madres de Tandil, Gonzalo García-Pelayo ha logrado "esculpir el tiempo" y hacer inmortales a unos personajes anónimos que han legado a la posteridad la franqueza de sus espíritus a la vez que han logrado aportar una pieza decisiva que faltaba en la filmografía global del director.

 

Arriba, dibujos que recrean a todas las madres que aparecen en Madres de Tandil de Gonzalo García-Pelayo

 

 

 

 

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