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MUNDIAL 2026 (EPISODIO 28): EL PALCO DE GUILLE / LA MIRADA DE JOSÉ MANUEL: ARGENTINA 2 - INGLATERRA 1: HARAKIRI DE INGLATERRA EN ATLANTA
Publicado por
José Manuel Cruz Barragán
el
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1. El palco de Guille
Inglaterra 1 - Argentina 2: la jerarquía de un campeón que nunca dejó de creer
Las grandes selecciones tienen una virtud que las distingue del resto: saben sobrevivir cuando no juegan bien y golpean con una contundencia devastadora cuando el rival cree tener el partido controlado. Eso fue exactamente lo que hizo Argentina en una semifinal memorable frente a Inglaterra, imponiéndose por 1-2 con una remontada en los minutos finales para clasificarse a una nueva final de la Copa del Mundo.
El encuentro comenzó con muchísimo respeto entre ambos equipos. Durante la primera mitad predominó el rigor táctico sobre el espectáculo. Inglaterra presionó con orden, cerró espacios interiores y consiguió incomodar la circulación argentina, mientras que la Albiceleste apostó por largas posesiones sin encontrar profundidad. Las ocasiones de gol fueron escasas y el ritmo resultó más estratégico que brillante.
Arriba, dibujo que recrea los prolegómenos del partido Argentina-Inglaterra del Mundial 2026
Tras el descanso, Inglaterra dio un paso adelante. Su presión fue más agresiva y encontró premio alrededor del minuto 55, cuando Anthony Gordon culminó una gran jugada colectiva para establecer el 1-0. El gol parecía confirmar el excelente trabajo del conjunto inglés, que hasta ese momento había controlado el partido con inteligencia, intensidad y equilibrio.
Con ventaja en el marcador, Inglaterra optó por proteger el resultado. Sin embargo, ese cambio de mentalidad terminó siendo decisivo. El equipo retrocedió demasiados metros, renunció prácticamente al balón y permitió que Argentina creciera poco a poco.
Arriba, Leo Messi y Jude Bellingham, estrellas de las selecciones de Argentina e Inglaterra, respectivamente
La selección argentina no perdió la calma. Mantuvo la posesión, aumentó el ritmo de circulación y empezó a encontrar espacios entre líneas. La experiencia competitiva de sus futbolistas volvió a aparecer cuando más falta hacía.
El empate llegó en el minuto 85 gracias a un espectacular disparo lejano de Enzo Fernández. Fue un auténtico golazo que cambió completamente el desarrollo emocional del encuentro. Inglaterra acusó el golpe y perdió la seguridad que había mostrado durante más de ochenta minutos.
Cuando todo apuntaba a una prórroga, apareció el talento diferencial. En el tiempo añadido, Lionel Messi encontró el espacio perfecto para enviar un centro medido al corazón del área y Lautaro Martínez, con un impecable remate de cabeza, firmó el 1-2 definitivo que desató la euforia argentina y silenció a la afición inglesa. Argentina remontó dos goles en apenas unos minutos finales y selló su clasificación para la gran final frente a España.
Arriba, dibujos que recrean a las selecciones de Argentina e Inglaterra durante la interpretación de los himnos nacionales
Análisis táctico
Argentina volvió a demostrar que posee una enorme capacidad competitiva. Aunque durante muchos minutos fue superada en intensidad, nunca perdió el orden ni la confianza. Scaloni supo mantener al equipo vivo hasta encontrar el momento adecuado para acelerar el juego.
Messi volvió a ejercer como líder silencioso. Quizá no firmó un partido brillante durante los noventa minutos, pero apareció cuando el encuentro lo exigía. Su asistencia en el segundo gol confirmó que sigue siendo decisivo en los momentos históricos.
Arriba, dibujos que recrean las ocasiones más claras de Inglaterra y Argentina, respectivamente, en la primera parte del encuentro
Enzo Fernández realizó un encuentro de menos a más. Además del espectacular empate, fue creciendo en personalidad conforme avanzó el partido y terminó dominando el centro del campo.
Lautaro Martínez volvió a responder como delantero de élite. Apenas necesitó una ocasión clara para decidir una semifinal mundialista.
Arriba, dibujo que recrea una ocasión de Argentina al comienzo de la segunda parte del partido
Por parte inglesa, el planteamiento inicial fue excelente. Durante muchos minutos anuló las principales armas argentinas y encontró el gol que buscaba. Sin embargo, el equipo cometió el error de renunciar completamente al ataque tras ponerse por delante. Ese repliegue excesivo permitió que Argentina jugara instalada en campo contrario durante el tramo decisivo.
Los cambios tampoco ofrecieron el efecto esperado y el conjunto dirigido por Thomas Tuchel perdió el control emocional justo cuando más lo necesitaba.
Arriba, dibujo que recrea el gol de Inglaterra marcado por Anthony Gordon
Lo mejor del partido
- La capacidad competitiva de Argentina.
- El espectacular gol de Enzo Fernández.
- La asistencia magistral de Messi.
- La definición de Lautaro Martínez en el descuento.
- Una semifinal intensa, táctica y con un desenlace inolvidable.
Lo peor
- Un primer tiempo demasiado conservador.
- Inglaterra renunció demasiado pronto a atacar.
- El equipo inglés gestionó muy mal los minutos finales.
Valoración de los equipos
Argentina: 9,5/10
No fue su partido más brillante durante una hora, pero volvió a demostrar por qué sigue siendo una de las mejores selecciones del mundo. Supo sufrir, esperar su momento y golpear con una eficacia extraordinaria.
Inglaterra: 8/10
Durante gran parte del encuentro fue superior y mereció la ventaja. Sin embargo, su excesiva prudencia en el tramo final terminó condenándola cuando tenía la final muy cerca.
Valoración individual destacada
- Lionel Messi: 9,5
- Enzo Fernández: 9
- Lautaro Martínez: 9,5
- Anthony Gordon: 8,5
- Emiliano Martínez: 8
- Jude Bellingham: 7,5
Conclusión final
No fue una semifinal espectacular desde el primer minuto, pero sí una auténtica batalla futbolística. El rigor táctico, la tensión permanente y un desenlace absolutamente dramático convirtieron este Inglaterra-Argentina en uno de los grandes partidos del Mundial 2026. Argentina confirmó una vez más su enorme carácter competitivo y jugará la final con la oportunidad de conquistar otro título mundial.
(Crítica escrita por: Guillermo Torres Morales.)
Arriba, dibujo que recrea una de las ocasiones claras de Argentina en la segunda parte tras el gol de Inglaterra
2. La mirada de José Manuel
Hay partidos que no terminan nunca. Como la final del Mundial 1966 entre Inglaterra y Alemania en el estadio de Wembley, con ese gol de Hurst que no tuvo que ser gol porque no traspasó la meta, que tiene que ser vengado cada vez que ambas selecciones vuelven a verse las caras. Lo mismo sucede con el Argentina-Inglaterra en los cuartos de final del Mundial 1986, en el Estadio Azteca de Ciudad de México, con la "mano de Dios" y la jugada del siglo, ambas de Maradona, como el haz y el envés de una especie de tragedia griega desarrollada entre césped y balones. Se habla mucho de ambos lances del partido pero se habla menos de un detalle táctico que nunca se evalúa si pudo cambiar el resultado final del marcador. ¿Qué hubiera ocurrido si el entrenador inglés, Bobby Robson, no hubiera planteado una estrategia tan conservadora y hubiera permitido antes la entrada en el terreno de juego de Chris Waddle y John Barnes, quienes, el tiempo que estuvieron en el equipo, revolucionaron a Inglaterra y casi la llevan a empatar el partido? A lo mejor, y ya que estamos en una tragedia griega, los dioses nublaron el entendimiento de Robson para que se cumpliera el destino por ellos fijado y, de esta manera, hacer posible que Diego Armando Maradona pudiera acceder al Olimpo del fútbol. Hoy, parece que han hecho algo parecido con el actual ocupante del banquillo británico, el alemán Thomas Tuchel, ganador de la UEFA Champions League con el Chelsea, lo cual no ha sido óbice para que no viera o no pudiera contrarrestar o, incluso, alentara el autoembotellamiento suicida de Inglaterra ante una selección como la argentina que era lo que necesitaba ver para convencerse de que podía dar la vuelta al partido. Y eso fue lo que ocurrió, claro está.
Arriba, dos ocasiones claras casi seguidas de Argentina tras el gol marcado por Inglaterra
Uno de los grandes misterios que deja este partido es por qué, tras marcar y tomar ventaja en el marcador en el minuto 55, es decir, a 35 minutos de finalizar el tiempo reglamentario, en vez de seguir estando alerta para cazar un contraataque y rematar el resultado, Inglaterra optó por colocar el autobús en la retaguardia intentando aguantar a la manera numantina. El estar sitiados es algo que se impone pero que raramente se elige. E Inglaterra lo eligió como los héroes de la caballería de la batalla de Balaclava se lanzaron de forma suicida contra el enemigo para acabar pereciendo todos en un ataque sin orden ni sentido (el poeta Alfred Tennyson les dedicó un poema, no creo que haya poeta que dedique sus versos a cantar a los caídos de hoy en el Atlanta Stadium). Lo sucedido en la segunda semifinal de este mundial es casi lo contrario a lo de la dichosa batalla. Los pross se pusieron por delante a la manera inglesa (verticalidad y eficacia puras: balón a banda, carrera, balón al área y delantero que remata dentro de las mallas) y acabaron siendo derrotados a la manera italiana, arrinconadas atrás a sabiendas y por voluntad propia, con un catenaccio que nadie logra explicarse (Italia lleva tres mundiales ya sin llegar a la fase final, y hoy hemos visto una pequeña y triste lección práctica de qué motivos puede haber detrás de ello). Argentina, que es una fiera que sabe dar sus zarpazos cuando huele el miedo del rival, marcó en el minuto 85, por parte de Enzo Fernández, y en el minuto 92, por parte de Lautaro Martínez, y mandó a sus rivales a la final de consolación (que nunca he sabido por qué se llama así porque de consolación no tiene nada). Ya puede ir aprendiendo la lección España para la final del próximo domingo.
Arriba, dibujo que recrea el gol de empate de Argentina, marcado por Enzo Fernández
Cuando España y Argentina jueguen dentro de cuatro días la final del Mundial 2026, no habrá afrentas que vengar ni pasados futbolísticos a redimir. Solo hay un antecedente del encuentro de ambas selecciones: en el Mundial de Inglaterra 1966. Ganó Argentina pero nadie se acuerda ni qué pasó y tampoco el lance tuvo mayor trascendencia en el futuro inmediato. Sí, nosotros acabamos eliminados en la primera fase, pero eso era lo habitual en esa época y tampoco era cuestión de ir acumulando enemigos eternos sin ton ni son porque la lista hubiera sido demasiado larga. Quiero decir con todo esto que espero que el partido decisivo sea eso, un partido de fútbol, ni más ni menos, que los entrenadores y los jugadores acierten en sus decisiones y que, a raíz de ello, veamos un encuentro vibrante y espectacular que nos mantenga clavados en los asientos si es posible durante más de dos horas y que, cuando termine, podamos decir que ha ganado quien más méritos ha hecho o el que ha tenido más nervios de acero, sin tener que reprochar nada ni al VAR ni a las nuevas tecnologías ni al presidente de la FIFA. España ya tiene un mundial en su haber, Argentina tiene tres y creo que ambas selecciones ya han alcanzado el éxito en el torneo con independencia de lo que ocurra en la final. No creo que sea mucho pedir que el lance definitivo pueda ser un ejemplo de honor y dignidad deportivas. Cualquier otra cosa, sería desmerecer la trayectoria de ambos equipos en este campeonato casi eterno. O sea, que gane el mejor y ya está. Después, ya lo celebraremos o lo lamentaremos. Que eso es el fútbol y, quien quiera convertirlo en otra cosa, se equivoca completamente.
Arriba, dibujo que recrea el gol de la victoria de Argentina, marcado por Lautaro Martínez
VÍDEO RESUMEN DEL PARTIDO ARGENTINA-INGLATERRA DEL MUNDIAL 2026:
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