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MUNDIAL 2026 (EPISODIO 22): LA MIRADA DE JOSÉ MANUEL: NORUEGA 2 - BRASIL 1: HARAKIRI DE LA "CANARINHA" EN NUEVA YORK
Publicado por
José Manuel Cruz Barragán
el
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Coincidían en octavos de final del Mundial 2026, en el New York-New Jersey Stadium, dos selecciones que casi conforman entre sí un curioso juego de espejos. Brasil es un equipo con una pléyade de estrellas en su alineación (Vinicius Jr., Matheus Cunha, Endrick, Neymar, Casemiro, Bruno Guimaraes, Raphinha, Martinelli, Marquinhos, Gabriel Magalhaes...) pero que duda, vacila y titubea en torno a su identidad futbolística: la afición desea el clásico jogo bonito pero, tras los fracasos en cinco mundiales consecutivos, los técnicos pretenden un estilo más sobrio y pragmático. Por la grieta que abre esa indecisión, cualquier destino futbolístico puede licuarse con facilidad, por lo que siempre es preferible apostar por una línea de juego clara antes que moverse en tierra de nadie. En Noruega es una selección con pocas estrellas en el equipo (Sorloth, Odegaard y, sobre todo, Erling Haaland), abundan los proletarios del fútbol que luchan se esfuerzan y no bajan los brazos un segundo en el partido, pero que, a cambio, tiene una identidad futbolística perfectamente definida: sabe cómo jugar y sigue el planteamiento matriz hasta que el árbitro pita el final del encuentro. Noruega sabe que tiene que aguantar atrás, evitar que el contrario marque y, entre las pocas ocasiones que pueda crear, hacer posible que Haaland convierta en gol alguna de ellas. Que haya un partido a velocidad reducida, con intensidad limitada, sin carreras ni avalanchas ofensivas ni intercambio de golpes, le beneficia claramente, porque su confianza reside en que baste una sola oportunidad para que Haaland la aproveche. Sorprendentemente, a eso ha jugado Brasil y, por supuesto, ha perdido, en uno de los harakiris más inexplicables de la historia de los mundiales. Que sea Carlo Ancelotti, con toda su veteranía, quien haya estado en el banquillo de la canarinha, hace aún más incomprensible el trance.
Arriba, a la izqda., Haaland, estrella de la selección noruega. Abajo, a la dcha, Vinicius Jr., estrella de la selección brasileña
Y no sería porque Noruega no avisó. Era el minuto 2 del partido y ya había marcado el equipo escandinavo por medio de Berg tras pase de Sorloth pero el gol fue anulado por fuera de juego del futbolista que había dado la asistencia. Muy pronto tuvo la oportunidad Brasil de tomar ventaja. Tras revisión en el VAR, en el minuto 9 el árbitro pitó penalti a su favor por falta dentro del área de Ajer sobre Matheus Cunha. El propio Cunha se encargó de realizar el lanzamiento y ahí empezó el recital de Nyland, guardameta noruego, que logró atajar el balón antes de entrar en portería. El resto de la primera parte transcurrió con oleadas de ocasiones que vinieron por bandos. En los minutos 17, 18 y 30, fue Brasil quien se acercó con peligro al área noruega (curiosamente, tanto la jugada que dio lugar al penalti fallado como las dos primeras ocasiones indicadas vinieron de recuperaciones de balón brasileñas, lo cual ya era un indicio de que el equipo sudamericano no controlaba el juego ni el balón sino que estaba empezando a actuar por medio de contraataques). En los minutos 31 y 35, llegaron sendas ocasiones de Noruega, por medio de Haaland y Odegaard. En el minuto 40, llegó la ocasión más clara para Brasil, fruto de otra recuperación en el área noruega, pero otra gran parada de Nyland evitó el gol de Vinicius. Con dos ocasiones más, una escandinava y otra sudamericana, ya en tiempo de descuento, se llegó al tiempo de descanso. Salvo el penalty y la ocasión de Vinicius detenida por Nyland, ninguna de las oportunidades fue clara y ello era inevitable porque el ritmo poco intenso del partido impedía que el orden defensivo de ambas selecciones pudiera quebrarse en algún momento. Para el segundo tiempo, se esperaba que las cosas cambiaran sustancialmente.
Arriba, dibujo que recrea el gol de Noruega anulado por fuera de juego
Sin embargo, sorprendentemente, apenas cambiaron. Casi se podría decir que el ritmo fue aún menos intenso que en los primeros cuarenta y cinco minutos y, conforme se desarrollaba el juego, se veía más o menos claro que iba a resultar bastante complicado que Brasil marcara. Sin un rematador nato (sus delanteros se caracterizan por su calidad y habilidad técnicas pero no tanto por el instinto goleador que poseen los arietes genuinos), la canarinha hubiese necesitado de un vendaval ofensivo permanente sobre el área rival para abrir el marcador. Las entradas de Neymar y Endrick fueron aplaudidas por los aficionados brasileños pero apenas aportaron nada a un sistema de juego que resultaba estéril en función de los jugadores que se encontraban presentes en el campo. Y, en el minuto 79, ocurrió lo que estaba escrito en el guion noruego desde el comienzo del partido: jugada por la banda izquierda, balón al área y, allí, Haaland (que ya había avisado unos instantes antes) envió el balón a las mallas con un cabezazo absolutamente certero. Bastaba ver las caras de los futbolistas brasileños para saber que apenas tenían confianza en poder revertir la desventaja en el marcador. Por ello, no extrañó a nadie que, en el minuto 90, gracias a un disparo desde fuera del área, Haaland marcara el segundo gol para su equipo y estableciera una ventaja que resultaba prácticamente imposible de superar para los sudamericanos.
Arriba, dibujos que recrean el penalti sobre Matheus Cunha y el fallo posterior del lanzamiento realizado por el mismo delantero
No obstante, aún la canarinha tuvo un último arrebato a la desesperada y, en el tiempo de descuento, sus jugadores más habilidosos intentaron resquebrajar la que había sido la férrea defensa noruega a lo largo de todo el partido. Con el encuentro virtualmente finalizado, un penalti ingenuísimo de Østigård sobre Casemiro fue materializado por Neymar, tras un prolongado intercambio verbal entre él y Nyland, maquillando el resultado y reduciéndolo a una victoria por la mínima para el equipo europeo. Noruega ha sabido construir un equipo y un sistema sólido en torno a su gran estrella (tal como hicieran, por ejemplo, en su día Polonia con Lato y Boniek, Suiza con Chapuisat y Sutter, Eslovenia con Zahovic, Costa de Marfil con Drogba, Croacia con Modric o Egipto con Salah) y ya está en cuartos de final del torneo. Brasil, mientras tanto, sigue sumida en su túnel de dudas e indecisiones. Eliminada en cuartos de final por Francia en Alemania 2006, en la misma ronda por Países Bajos en Sudáfrica 2010, en semifinales por Alemania, con un humillante 7-1, en el mundial del que ellos mismos fueron anfitrión en 2014, en cuartos de final por Bélgica en Rusia 2018 y en cuartos de final por Croacia en Qatar 2022, las autopreguntas existenciales sobre qué debe ser y cómo debe ser la selección brasileña seguirán surcando el panorama futbolístico. Con 24 años sin ganar un Mundial, el ruido que provocarán será seguramente ensordecedor.
Arriba, dibujos que recrean los dos goles marcados por Haaland en el partido Noruega-Brasil del Mundial 2026
VÍDEO RESUMEN DEL PARTIDO NORUEGA-BRASIL DEL MUNDIAL 2026:





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