"LAS PALABRAS DEL DESCONOCIDO", NUEVA NOVELA DE JOSÉ MANUEL CRUZ

MUNDIAL 2026 (EPISODIO 20): LA MIRADA DE JOSÉ MANUEL: ARGENTINA 3 - CABO VERDE 2: EL DESTINO SOBRE EL ALAMBRE


 

En 1995, la Editorial Alfaguara publicó una colección de relatos titulada Cuentos de fútbol (el prologo y la selección fue realizada por Jorge Valdano). En la misma, se incluía una narración de Javier Marías titulada "En el tiempo indeciso". El cuento nos hablada de un jugador húngaro imaginario, Szentkuthy, imprevisible por genial, que formaba parte de la plantilla del Real Madrid. En unos cuartos de final de la Copa de Europa (así se llamaba aún la competición) contra el Inter de Milán, al equipo blanco le faltaba un gol para alcanzar las semifinales. A la salida de un córner a favor del equipo rival, Szentkuthy logra hacerse con el balón y montar un rápido contraataque. Dribla a dos defensas y al portero y se plantó ante la línea de gol. Entonces, el jugador hace lo impensable: "levantó entonces la vista hacia la meta completamente vacía, no tenía más que golpear el balón desde el borde del área para marcar el gol que todo el estadio ya veía y ansiaba con ese resto de zozobra que siempre existe entre lo inminente y seguro y su llegada efectiva. El murmullo de excitación se tornó silencio repentino, ocultaba un grito ahogado en cien mil gargantas, que no salía: «¡Chuta! ¡Chuta ya, por amor de Dios!», todo sería definitivo con el balón en la red, no antes, había que verlo allí dentro. Szentkuthy no chutó, sino que siguió avanzando con el balón pegado al pie, controlado, hasta la línea de gol y allí mismo lo paró con la suela de la bota. Durante un segundo lo mantuvo quieto, sujeto por su bota contra la hierba o contra la cal de la línea, sin permitir que la traspasara. Otros dos defensas italianos corrían hacia él como rayos, también el portero recuperado. Era imposible que llegaran a tiempo, Szentkuthy sólo tenía que soltarlo para que cruzara esa línea, pero en el fútbol nada se ve seguro hasta que sucede. No recuerdo un silencio más asfixiado en un estadio. Fue tan sólo un segundo pero no creo que se le haya borrado a ninguno de los espectadores. Marcó la diferencia abismal entre lo inevitable y lo ya no evitado, entre lo que aún es futuro y lo que ya ha pasado, entre el «Aún no» y el «Ya está», a cuya transición palpable nos es dado asistir muy pocas veces. Cuando el portero y los dos defensas se le echaban encima, Szentkuthy hizo rodar suavemente el balón con la suela unos centímetros y volvió a pararlo una vez que hubo atravesado la línea de meta. No lo envió a la red, lo hizo avanzar sólo lo justo para que lo que aún no era gol ya lo fuera. Nunca se hizo tan manifiesto el muro invisible que cierra una portería". El fútbol es siempre un juego del destino sobre el alambre. Y nunca se ha visto tan claro en el fútbol real como lo que hemos contemplado en la eliminatoria entre Argentina y Cabo Verde en el Mundial 2026.

 

Arriba, dibujo que recrea los prolegómenos del partido Argentina-Cabo Verde del Mundial 2026

 

Si queremos saber cómo se valoraban con carácter previo las probabilidades sobre el resultado entre Argentina y Cabo Verde, solo hay que ver cómo estaban las apuestas antes de comenzar el partido. Me preocupé por verlas y les paso los datos de cómo se cotizaba una hipotética victoria de Cabo Verde en distintas casas de apuestas:

  • Bet 365: 19 a 1.
  • Bwin: 17 a 1.
  • Betfair: 26 a 1.
  • Jokerbet: 21 a 1. 

Como ven, se pensaba que la probabilidad de una victoria del equipo africano era mínima. Sin embargo, la realidad del partido fue muy diferente. Sorprendió el desarrollo de la primera media hora de partido. Argentina intentaba tomar el mando liderando la posesión de balón pero, lejos de arredrarse, Cabo Verde apenas tenía reparos en llegar hasta el área argentina resistiéndose a la táctica tópica y típica de encerrarse atrás para intentar aprovechar un contraataque. Se trataba de un partido prácticamente igualado que solo se desequilibró por el talento de Lisandro Martínez, que supo dar un pase largo (jugada poco habitual en esta selección albiceleste dirigida por Scaloni) al área contraria para que la genialidad de Leo Messi fuera capaz de controlar prodigiosamente el balón en un palmo de terreno y lograra disparar el mismo por el único hueco por el que Vozinha, portero de Cabo Verde, fuera incapaz de atajarlo. Argentina se ponía por delante y parecía encarrilar definitivamente el partido dado el teórico desequilibrio entre los dos equipos. Pero, entonces, optó por un camino que, desde que empecé a verlo, no me parecía el correcto: intentó narcotizar el juego, moviendo el balón con lentitud o, si se prefiere, con insuficiente velocidad, posiblemente con la intención de que el equipo caboverdiano se fuera hacia delante y, entonces, aprovechar los huecos que pudieran surgir en defensa. Teniendo en cuenta cómo había jugado Cabo Verde en la fase de grupos, con una disciplina y rigor espartanos, era una hipótesis muy temeraria. Y, efectivamente, así quedó demostrado en la segunda parte del choque. 

 

Arriba a la izqda., Emiliano Martínez y Leo Messi, dos de las jugadores más importantes de la selección argentina. Abajo a la dcha., Vozinha, la estrella de la selección de Cabo Verde

 

Se llegó al descanso con ventaja argentina y, en los primeros minutos tras el descanso, todo transcurrió con la misma parsimonia paradójica. Argentina estaba llevando el partido a un terreno que creía que le beneficiaba cuando su táctica solo daba aire y alas al equipo rival. Todo ello nos recordaba a lo que había sucedido con España en el Mundial 2014 de Brasil, la Eurocopa 2016 de Francia, el Mundial 2018 de Rusia y el Mundial 2022 de Qatar. Pero como dice el refrán, "nadie escarmienta en cabeza ajena". Y sucedió lo que se veía venir: Deroy Duarte lograba empatar en el minuto 59 de partido tras el creciente atrevimiento de Cabo Verde y sus llegadas cada vez más frecuentes al área argentina, que ya provocaron una primera ocasión de cierto peligro en el minuto 53. A partir de ese momento, empezó a surgir en el equipo sudamericano el sentimiento habitual en este tipo de situaciones (equipo teóricamente superior que ve cómo el equipo teóricamente inferior se le sube a las barbas): la ansiedad. Argentina atacó más con ganas y corazón que con neuronas bien organizadas y, lógicamente, el resultado no cambió antes de terminar el segundo tiempo y el comienzo consiguiente de la prórroga. Cabo Verde se mantuvo con el mismo rigor táctico que ha demostrado a lo largo de todo el torneo, dejando pocos resquicios atrás y atacando con una mezcla sorprendente, dada la presunta inexperiencia del equipo, de precisión y prudencia, llegando a generar a lo largo del partido hasta determinados momentos en los que prácticamente embotelló a la selección argentina. 

 

Arriba, dibujo que recrea el primer gol de Argentina, marcado por Leo Messi

 

Pero las sorpresas que el partido nos iba a deparar no terminaron con la finalización del tiempo reglamentario. Y eso que solo habían transcurrido dos minutos de la prórroga cuando Lisandro Martínez volvió a adelantar a Argentina con un disparo similar desde la misma posición con que Messi había adelantado a su equipo. Todo parecía volver a su orden habitual pero Cabo Verde demostró un increíble empeño en cambiar su destino, continuó atacando con la misma consistencia y calma que había demostrado a lo largo de todo el partido y logró empatar en el minuto 103 de partido (minuto 13 del primer tiempo de la prórroga) con un soberbio gol del lateral izquierdo, Sidny Lopes Cabral, desde fuera del área que resultó imposible para que Emiliano Martínez pudiera detenerlo. Nuevamente, tablas y, con el desgaste físico provocado por la duración del partido y el calor y la humedad reinantes en el Miami Stadium, todo podía suceder. Y, como no podía ser de otra manera, una jugada a balón parado, como suele ser cada vez más habitual en los tiempos actuales, determinó el desenlace. Un córner a favor de Argentina en el minuto 111 terminó con el balón introducido en propia meta por el defensa caboverdiano Diney. Un córner, como un penalti o una falta, son las simbolizaciones perfectas de cómo los destinos deportivos se deciden siempre sobre una línea delgada, frágil y casi imperceptible. Lo siguió intentando la selección africana pero el partido quedó decidido en ese lance y Argentina logró pasar agónicamente a octavos de final del campeonato, donde se enfrentará a Egipto.

 

Arriba, dibujo que recrea el gol del primer empate de Cabo Verde

 

Ya han terminado los dieciseisavos de final y el desenlace del campeonato sigue estando en la bruma. Como suele suceder siempre, las selecciones que demostraron ser más fuertes en la fase de grupos parece que pierden fuelle y las que no tuvieron un desempeño especialmente lustroso han empezado a crecer. Las líneas de los rendimientos respectivos pueden cruzarse y ello solo hace alimentar la incertidumbre sobre las fortalezas y debilidades reales de cada equipo. Siempre llega un momento en que la selección verdaderamente potente o el jugador auténticamente decisivo se nos revelan como tales. Pasó con el hat-trick de Paolo Rossi contra Brasil en el Mundial 82, con la jugada prodigiosa de Maradona en el Estadio Azteca contra Inglaterra en el Mundial 86, en el lanzamiento de penalties favorable a Francia contra Italia en el Mundial 1998, en los goles de Grosso y Del Piero de Italia contra Alemania en la prórroga de las semifinales del Mundial 2006, en el cabezazo de Puyol contra Alemania en el Mundial 2010 o en la gran actuación de Mbappé contra Argentina en el Mundial 2018. Ese momento aún no ha llegado en este Mundial. Cuando suceda, sabremos quiénes van a ser los elegidos por los dioses. Mientras tanto, la tensión y la emoción dominarán cada partido y al público que los contempla.

 

Arriba, dibujos que recrean diversos momentos del partido Argentina-Brasil del Mundial 2026

 

VÍDEO RESUMEN DEL PARTIDO ARGENTINA-CABO VERDE DEL MUNDIAL 2026:

 

 

 

 

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