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MUNDIAL 2026 (EPISODIO 17): LA MIRADA DE JOSÉ MANUEL: FRANCIA 3 - SUECIA 0. LA INFINITUD DEL ÚLTIMO ESCALÓN
Publicado por
José Manuel Cruz Barragán
el
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La historia del montañero británico George Leigh Mallory y la duda final sobre la consumación final o no de su hazaña es ampliamente conocida. El 7 de junio de 1924, Mallory junto a Andrew Irvine iniciaron el asalto a la cumbre del Everest por la arista noreste. Al día siguiente, dos de sus compañeros que se habían quedado como apoyo en un campamento ubicado en el collado norte, observaron a través de un telescopio cómo los escaladores estaban cerca de alcanzar su objetivo. Pero las nubes ocultaron la cima del Everest, se perdió la vista de ambos y no se supo ya nada más de ellos hasta 1960, cuando un montañero chino, al intentar realizar el mismo ascenso, comunicó que había visto el que podría ser el cuerpo de Irvine. No fue hasta 1999 cuando una expedición comandada por Eric Simonson subió hasta el lugar para tratar de rescatar los cadáveres. Halló el cuerpo de Mallory pero, ante la dificultad para sacarlo del lugar dónde estaba, decidieron cubrir el lugar con piedras y convertirlo en su sepultura definitiva. El cuerpo de Irvine nunca fue encontrado. Una pregunta flota sobre toda esta historia: ¿consiguieron o no Mallory e Irvine llegar a la cumbre del Everest? ¿Qué estaba haciendo Mallory en el lugar donde finalmente falleció: intentar ascender o estar descendiendo después de habar logrado su meta? Sea como sea, esta historia demuestra una verdad difícilmente refutable: para llegar a la cima, los últimos metros son siempre los más difíciles. Esa moraleja también nos puede servir para explicar que lo más complicado, lo verdaderamente complicado, en cualquier disciplina es pasar del alto mérito y la elevada calidad a la más pura excelencia. Ese escalón, formado por detalles aparentemente sin importancia, puede ser tan complejo como los metros finales del Everest. Traigo esto a colación porque es la diferencia que hemos visto entre las selecciones de Francia y Suecia en el partido de hoy del Mundial 2026.
Arriba, Mbappé y Gyökeres, estrellas de, respectivamente, las selecciones de Francia y Suecia en los prolegómenos del partido que ha enfrentado a sus equipos en el Mundial 2026
Si vemos cuál ha sido la delantera titular de Suecia en el día de hoy y comprobamos que ha estado formada por Alexander Isak, Viktor Gyökeres y Anthony Elanga, tenemos que concluir que, en el ataque, el equipo escandinavo es especialmente peligroso. Sin embargo, hoy han sido prácticamente inocuos contra la selección gala. ¿Por qué? Porque los delanteros franceses que hoy han jugado, Mbappé, Barcola, Dembelé, Doué, Olise y Cherki son mejores que los suecos. ¿Mucho mejores? Pues son mejores por ese supuestamente pequeño escalón que separa la alta calidad de la grandiosidad inapelable pero que marca una frontera decisiva. No son solo los delanteros franceses. Si tenemos en cuenta esos dos pivotes complementarios que son Tchouaméni y Rabiot, esa pareja de centrales formada por Upamecano y Saliba y la sobresaliente actuación del portero Maignan, no podemos menos que concluir que era muy difícil que la solvencia sueca (que la posee y en grandes dosis) fuera capaz de superar el poderío galo en un partido de igual a igual. No extrañó, por ello, que el entrenador de los escandinavos, Graham Potter, optara por intentar tapar todos los huecos por los que los atacantes rivales pudieran hacer daño y buscar cazar un contraataque que resultara finalmente favorable a sus intereses. Y así se desarrolló el partido a lo largo de la primera parte. Pero la panoplia aparentemente inacabable de recursos con los que el ataque de Francia se ha desplegado contra su adversario (han atacado de todas formas, de todos los lados y con todas las combinaciones posibles) han acabado por generar un instante (un único instante) de desconcentración o agotamiento mental en los defensas suecos y, poco antes del descanso, Mbappé adelantaba a los galos en un zarpazo que prometía ser ya insuperable dado lo que habíamos visto en los primeros cuarenta y cinco minutos.
Arriba, dibujo que recrea el primer gol de Mbappé en el partido Francia-Suecia del Mundial 2026
Suecia tuvo sus ocasiones. Su portero Zetterstrom brilló a gran altura (hasta nueve remates atajados por él registran las estadísticas). La defensa no se descompuso en ningún momento. Y hasta algún contraataque inquietó a la defensa francesa y a su guardamenta pero la reacción por parte de ellos fue impecable y quirúrgica. Pero, tras el primer gol francés, el 2-0 marcado por Barcola en el minuto 53 ya dejó sentenciada la partida. En el minuto 74, se produjo el 3-0, marcado nuevamente por Mbappé, pero pudieron caer muchos más tantos si la escuadra sueca no hubiera sabido resistir psicológicamente y se hubiera venido abajo. Su actuación mantuvo todo el tiempo la dignidad competitiva pero una dignidad que no bastó para recortar las diferencias con su adversario. Tras haberse producido en el día de ayer, las eliminaciones de Alemania y de Países Bajos, el rendimiento francés de hoy coloca a este selección como una de las favoritas para llegar, como mínimo, a semifinales. Su calidad en todas las líneas y posiciones, la profundidad de su banquillo, la experiencia acumulada, el hecho de que prácticamente todos los jugadores se conocen perfectamente y están mecánicamente compenetrados en el terreno de juego y la deslumbrante brillantez de sus atacantes convierten a esta selección en uno de los huesos más duros de roer de todas las que participan en el torneo. Llevan dos finales consecutivas y no sería ninguna sorpresa que también estuvieran el 19 de julio en Nueva York para conseguir un nuevo título. Quien quiera vencerles, tendrán que emplearse muy a fondo en los aspectos físicos y tácticos y llevar su desempeño al máximo nivel posible porque, si no, cualquier equipo lo tendrá muy difícil para pasar una eliminatoria contra ellos.
Arriba, dibujo que recrea el segundo gol galo en el partido Francia-Suecia del Mundial 2026
No quisiera acabar esta crónica sin hacer mención a las estadísticas de Didier Deschamps como seleccionador de Francia en los mundiales. Habiéndose estrenado en el cargo en el Mundial 2014 en Brasil, desde entonces, ha jugado un total de veintitrés partidos, con dieciocho victorias, tres empates y una derrota. Eso significa que su porcentaje de partidos ganados es, nada más y nada menos, que del 78,26%, siendo el de partidos no perdidos (victorias más empates) de un estratosférico 91,3%. Cuando, en tiempos recientes, ha sonado su nombre como posible entrenador para el Real Madrid, la opinión generalizada en la prensa es que no era el entrenador adecuado para el equipo. No digo yo que pudiera serlo. Pero, ¿con basé en qué argumentos se defiende esa posición?¿Hay alguna explicación más allá de que no caiga simpático por algún motivo particular? Obviamente, no sería defendible decir que sus éxitos se deben a las estrellas que forman parte del equipo. El Real Madrid también las tiene y, en los dos últimos años, ni Ancelotti ni Xabi Alonso ni Álvaro Arbeloa ha logrado sacar un rendimiento satisfactorio de las mismas. No basta únicamente con tener estrellas sino que hay que saber gestionarlas, liderarlas y crear un grupo humano compacto y cohesionado. Deschamps ha sabido hacerlo con la selección de Francia y quien no valore especialmente sus logros deberá explicar en qué fundamenta su opinión. Por su trayectoria y por lo que hemos visto en el partido de hoy, su figura merece una consideración por haber logrado una continuidad que muy pocos han alcanzado en la historia del fútbol: situó a Francia en la cumbre y ahí la mantiene durante tres mundiales consecutivos. Algún mérito, digo yo, habrá tenido el entrenador en ello.
Arriba, tercer gol de Francia, marcado también por Mbappé, en el partido Francia-Suecia del Mundial 2026
VÍDEO RESUMEN DEL PARTIDO FRANCIA-SUECIA EN EL MUNDIAL 2026:





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