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"EL FANTASMA DE LA ÓPERA" EN EL TEATRO CERVANTES DE MÁLAGA

 

Crítica teatral: El fantasma de la ópera

(Teatro Cervantes de Málaga, 2026)

La llegada de El fantasma de la ópera al Teatro Cervantes de Málaga constituye uno de los grandes acontecimientos culturales del verano de 2026. Tras el enorme éxito obtenido durante sus dos temporadas en Madrid, esta producción inicia una ambiciosa gira nacional y hace escala en Málaga con un montaje que conserva prácticamente toda la espectacularidad visual y musical que ha convertido a la obra de Andrew Lloyd Webber en el musical más famoso de la historia. La producción, dirigida por Federico Bellone, con dirección musical de Julio Awad y protagonizada por Daniel Diges, Ana San Martín y Rubén López, mantiene un nivel artístico muy elevado y confirma que sigue siendo uno de los grandes referentes del teatro musical internacional. 

Desde el instante en que se levanta el telón queda claro que el espectáculo juega una de sus mejores cartas: la atmósfera. La escenografía consigue transportar al espectador a la Ópera Garnier de París mediante una combinación muy inteligente de decorados móviles, plataformas, efectos de humo, iluminación y proyecciones. El resultado es elegante, cinematográfico y, sobre todo, tremendamente eficaz. El famoso descenso a los subterráneos del teatro continúa siendo uno de esos momentos capaces de provocar un silencio absoluto en la sala, mientras que la aparición del gran candelabro mantiene intacta su capacidad para sorprender incluso a quienes conocen perfectamente la historia.

 


 

El apartado visual es, probablemente, el elemento más impresionante del montaje. El diseño de vestuario de Chiara Donato, premiado en anteriores temporadas, vuelve a demostrar una extraordinaria riqueza estética. Cada personaje posee una identidad perfectamente definida, desde el refinamiento de Christine hasta el barroquismo casi decadente del Fantasma. Los vestidos del cuerpo de baile, las escenas de ópera dentro de la propia ópera y el uso constante de capas, máscaras y texturas convierten el escenario en un auténtico cuadro en movimiento. 

Musicalmente, la producción mantiene un nivel sobresaliente. La orquesta ofrece una interpretación poderosa y equilibrada que respeta la grandiosidad de la partitura original sin perder claridad. La dirección musical consigue que los grandes temas —The Phantom of the Opera, Think of Me, Music of the Night o All I Ask of You— conserven toda su fuerza emocional y sigan siendo el verdadero corazón del espectáculo.

 


 

Daniel Diges construye un Fantasma sólido, elegante y profundamente humano. Su interpretación evita caer en el exceso melodramático y apuesta por un personaje atormentado, vulnerable y obsesivo al mismo tiempo. Vocalmente ofrece una actuación muy consistente, especialmente en los pasajes más íntimos, donde consigue transmitir la enorme soledad del personaje sin necesidad de exageraciones.

Ana San Martín aporta una Christine luminosa y técnicamente muy solvente. Su evolución dramática resulta convincente: comienza mostrando la inocencia de una joven cantante insegura y termina convirtiéndose en una mujer capaz de tomar decisiones propias frente a dos hombres que representan mundos completamente distintos. Su voz brilla especialmente en los registros agudos, aportando delicadeza sin perder potencia.

 


 

Rubén López, como Raoul, ofrece quizá el personaje menos complejo de los tres protagonistas, pero lo interpreta con naturalidad y solvencia. Su química con Christine funciona y equilibra la intensidad emocional que domina las escenas protagonizadas por el Fantasma.

El reparto secundario también merece reconocimiento. Carlotta aporta los necesarios momentos de humor sin romper nunca el tono general del espectáculo, Madame Giry mantiene el misterio que envuelve toda la historia y los responsables de la Ópera introducen un contrapunto ligero que alivia la enorme carga dramática del argumento.

 


 

Uno de los mayores aciertos del montaje es el equilibrio entre espectáculo y narrativa. En ocasiones, las grandes producciones musicales sacrifican el desarrollo emocional en favor del impacto visual. Aquí ocurre justamente lo contrario: los efectos especiales impresionan porque están al servicio de la historia y no porque pretendan convertirse en protagonistas.

No obstante, el espectáculo no está completamente libre de pequeñas debilidades. El primer acto mantiene un ritmo excelente, pero el segundo pierde algo de dinamismo en determinados pasajes. Algunas escenas dialogadas podrían beneficiarse de una mayor concisión y ciertos cambios de escenografía ralentizan ligeramente la progresión dramática. Son detalles menores dentro de una producción de casi tres horas que, en líneas generales, consigue mantener la atención del público.

 


 

También puede discutirse que el personaje de Raoul continúa estando menos desarrollado que el resto de protagonistas, una limitación que procede del propio libreto más que de la interpretación. Ello hace que el conflicto amoroso resulte algo desequilibrado en favor del carisma del Fantasma.

El público malagueño respondió con entusiasmo durante toda la representación. Los grandes números musicales fueron recibidos con largos aplausos y la ovación final confirmó que la producción mantiene intacta la enorme capacidad de emocionar que ha caracterizado al musical durante casi cuatro décadas. Su estancia en el Teatro Cervantes, del 3 de julio al 9 de agosto de 2026, representa uno de los momentos culminantes de la temporada cultural de la ciudad. 

 

 

 Valoración artística

  • Dirección escénica:  (9,5/10)
  • Interpretaciones:  (9/10)
  • Dirección musical:  (9,5/10)
  • Orquesta:  (9,5/10)
  • Escenografía:  (10/10)
  • Vestuario: (10/10)
  • Iluminación y efectos especiales: (10/10)
  • Coreografía:  (8,5/10)
  • Ritmo dramático:  (8,5/10)

 


Conclusión final

Esta producción de El fantasma de la ópera demuestra por qué sigue siendo uno de los grandes clásicos del teatro musical contemporáneo. Su combinación de excelencia técnica, belleza visual, potencia musical y fuerza dramática convierte cada representación en una experiencia inmersiva y emocionante. Aunque el segundo acto acusa un ligero descenso de ritmo y algunos personajes secundarios podrían tener mayor profundidad, el conjunto alcanza un nivel extraordinario.

 

Puntuación final: 9,6/10.

Es un espectáculo que justifica plenamente su prestigio internacional y que confirma que el Teatro Cervantes de Málaga ha acogido una de las producciones más espectaculares y cuidadas de la cartelera española de 2026.


(Crítica realizada por: Guillermo Torres Morales.)
 
 
 
 

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