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Publicado por
Guille
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En este artículo, nuestro colaborador, Guillermo Torres Morales, analiza la exposición Archipiélago en el Museo Carmen Thyssen de Málaga y la contextualiza dentro de la colección permanente de la institución, en concreto con una de sus pinturas más emblemáticas, Julia (1915) de Ramón Casas i Carbó, constatando la continuidad entre los diferentes movimientos artísticos del siglo XX, desde sus comienzos hasta el pleno apogeo de las vanguardias.
Exposición Archipiélago - Planta 3 del Museo Carmen Thyssen de Málaga
El día 5 de mayo tuvo lugar la inauguración de la exposición Archipiélago, presente hasta el 6 de septiembre de 2026, en el museo Carmen Thyssen en Málaga. Este se posiciona como uno de los más importantes de nuestro país, debido a su ya larga trayectoria en la historia de la cultura y el arte en la ciudad de Málaga y por su compromiso con las exposiciones temporales repletas de grandes maestros del pincel. En Archipiélago encontramos un rico itinerario de obras pictóricas pertenecientes a la estética vanguardista principalmente de España durante el siglo XX. La selección de cuadros pertenece a la Colección Suñol Soler, donde encontramos una destacada selección de artistas, entre los que destacan Pablo Picasso, Joan Miró, Luis Gordillo, Jean Arp... Josep Suñol Soler nos permite indagar en una nueva forma de entender el arte y, por extensión, el mundo a través de autores de diferentes épocas y coetáneos, nacionales e internacionales.
Cabeza macho (1973) de Luis Gordillo
Las vanguardias llegaron a España como una necesidad imperante de ruptura con todo lo anterior, como respuesta a la incierta y frágil situación que vivió la nación durante esos años; así que estos ismos nacieron con el objetivo de renovar y hacer tabula rasa con lo decadente de la sociedad. Esta necesidad de renovación que sentía la población, como es inevitable, se traspasa al arte. Un arte puro, que no demuestra una secuencia, sino una esencia o concepto, con el fin de acabar con el modelo academicista. “Arte por el arte” o, más bien, como refirió Jaime Brihuega: “actividad artística crítica”. En definitiva, estos movimientos rupturistas concibieron nuevas formas de crear y de interpretar los lienzos.
Dinamisme del blau (1980) de Albert Ràfols-Casamada
En esta colección, las piezas actúan como un universo completo e independiente, en las que resaltan formas geométricas y elementos industriales o futuristas y la ausencia de una narración directa, que se traspasa a las historias que se cuentan entre líneas. Las líneas o signos como medio de comunicación, la naturaleza como medio de exploración y el subjetivismo para explorar la intrahistoria son elementos muy visibles y característicos a ojos del espectador, y es que este se convierte en protagonista de la propia composición, como receptor de un arte fuera del canon y de libre interpretación. Los colores juegan un papel crucial en la interpretación de la composición, ya que suelen ser muy comunes las gamas de azul, verde, naranja o tonos más neutros como negro o gris. La elección de la colorimetría no es espontánea, sino perfectamente planeada y dispuesta para exaltar algunas partes de la representación llenas de significado o crear la atmósfera perfecta para la interpretación de estas.
Interrupcions I (1988) de Carles Guerra
El expresionismo de algunas de las piezas da el toque ideal a la hora de moldear expresiones o sentimientos, que, junto a los colores, crean el impacto perfecto ante el espectador mediante deformaciones o exageraciones. Nos gustaría destacar al pintor catalán Ramón Casas i Carbó con una de las piezas artísticas más importantes de la colección permanente del museo, Julia (1912),, óleo sobre tela, a modo de retrato de la que fue musa y posterior esposa del pintor. No es casual el valor del cuadro, ya que en su interior se entrelazan la estética modernista, que la vanguardista se encargaría de reforzar, a través del simbolismo y la estética parisina, que lo acercó al movimiento muy característico del modernismo catalán. Casas se basa en la pintura de Velázquez a la hora de usar colores neutros, donde destaca la fuerza del color rojo en su chaqueta y en la flor del pelo en contraposición a los que predominan en el cuadro. La modelo, definida como el canon de belleza de la mujer contemporánea, viste con un traje de torero a través de una visión tradicionalista, con un innegable toque andaluz, por su ropa y dichos elementos regionales, y se nos presenta con una postura segura y algo sensual.
Julia (1915) de Ramón Casas i Carbó
Por tanto, diríamos que la exposición de Archipiélago muestra cada obra como pieza individual y autónoma, pero, a su vez, todas ellas son capaces de conformar una colección a modo de cartografía, la cual nos cuenta sobre las formas más innovadoras de vivir el arte. Reúne todos los principios con los que podríamos describir la contemporaneidad que se plasmó en el lienzo: dinamismo, libertad creadora, experimentación estética y la tendencia por la imagen abstracta, bajo el manto de la crítica social y el ímpetu por el regeneracionismo del país.
(Redactado por Guillermo Torres y Paula Fuentes)
Sín título (1976) de Josep Guinovart
VÍDEO DE LA EXPOSICIÓN ARCHIPIÉLAGO EN EL MUSEO CARMEN THYSSEN DE MÁLAGA (28 DE MARZO DE 2026 - 6 DE SEPTIEMBRE DE 2026)







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