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Publicado por
José Manuel Cruz Barragán
el
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Desde el pasado 26 de noviembre de 2025 y hasta el próximo 20 de abril de 2026, se celebra en el Museo Reina Sofía de Madrid la exposición Juan Uslé: Ese barco en la montaña, la cual realiza un amplia retrospectiva del pintor cántabro nacido en Santander el 19 de diciembre de 1954 y que se trasladó a Nueva York en enero de 1987 junto a su compañera Victoria Civera, estableciendo su estudio en Brooklyn. El Reina Sofía ya organizó en 2003 una exposición sobre el artista, con el nombre de Open Rooms, y en 1992 Uslé participó en la Documenta IX de Kassel, además de celebrar a lo largo de su carrra numerosísimas muestras individuales como las organizadas en la galería Montenegro de Madrid en 1987, en la galería Farideh Cadot de Nueva York en 1988, ambas reunidas al año siguiente en la monografía Williamsburg, Ultramar (1991), Festina Lente (1992), Peintures Celibataires (1994), Back & Forth (1996), Ojo roto (1996), Vanishing Lines (1998), Blind Entrance (1999), Nudos y Rizomas (2010), Soñé que revelabas (2014), Dark Light (2014) y Ojo y Paisaje (2021). Habiendo manifestado en sus inicios que su pintura se caracterizaba por un estilo abstracto expresionista, en 2002 le fue concedido el Premio Nacional de Artes Plásticas en reconocimiento de su trayectoria, indicando el acta del jurado que la misma "le ha confirmado como una de las voces más singulares de la pintura abstracta internacional". Juan Manuel Bonet, quien fuera director del Museo Reina Sofía y que formó parte del jurado, manifestó que "Uslé ha sabido conciliar geometría y lirismo".
Casita del norte (serie Rio Cubas), óleo de Juan Uslé de 1986
Hay un hecho en la infancia de Juan Uslé que se acaba convirtiendo en una especie de eje vertebral de su obra (y que sirve para explicar, además, el título de la exposición). El 21 de diciembre de 1960 (es decir, cuando el artista tenía solo seis años), el buque Elorrio se hunde en la costa de Langre (Cantabria) cuando regresaba cargado de grano desde Baltimore. El hecho ocurre a cinco escasos kilómetros de la casa en la que el futuro pintor vivía con su familia, a los pies del Monasterio de las Monjas Trinitarias de Suesa. En 1986, antes de marcharse a Estados Unidos, Uslé pintará un cuadro, un lienzo de grandes dimensiones, titulado 1960, en la que rememoraba dicho trágico naufragio. Una vez instalado en Nueva York, el artista explica que "lo primero que hice antes de pretender hacer algo nuevo, en aquel contexto totalmente desconocido para nosotros, fue intentar repetirme, casi clonarme en el intento de pintar otra vez 1960. Sin darme apenas cuenta, esta versión se convirtió en una nueva imagen del anterior, hecha desde el otro lado. El barco, a salvo, seguía encaramado en la montaña, pero en esta segunda versión no continuaba hacia tierra, sino que era el centro de una isla. Me aferraba a mi última imagen como el barco se aferraba a la tierra". Todo ello representa a la perfección esa tendencia de la creación contemporánea (sea arte, literatura o cine) de partir de un hecho biográfico para trascenderlo y lograr que adquiera categoría simbólica. Hay muchas formas de interpretar la significación para el artista del hecho del naufragio del Elorrio. ¿Representa, por sí mismo, por su carácter de acontecimiento trágico, un trauma que es necesario superar y que es arquetipo de todo trauma posible e imaginable?¿Quiere el artista trazar un paralelismo entre dicho naufragio y el hecho personal de tener que abandonar España para poder conseguir que su obra pueda tener repercusión?¿Hay una intención de dibujar un esquema simétrico entre el barco que partió de Estados Unidos para acabar naufragando en España y su experiencia de realizar la ruta contraria, la de marchar de España y dirigirse a Estados Unidos?¿El representar al barco salvado en tierra sería una especie de sortilegio para conseguir que su experiencia norteamericana tenga feliz desenlace? En cualquier caso, el arte de Juan Uslé sería, entonces, un proceso de introspección con vocación, quizás, de ser herramienta de cura y sanación.
1960 Boat at Sea (1986), cuadro de Juan Uslé
Porque, conforme vamos viendo los cuadros de la muestra en el Reina Sofía, es muy difícil no percibir que la evolución de su estilo se aproxima a una sucesión de etapas de superación de un duelo simbólico que va pasando de la oscuridad a una luz que, fatigosamente, y siempre con avances y retrocesos, va asomando en sus creaciones (tanto pinturas como fotografías, que también tienen su presencia destacada en la exposición) hasta llegar a arrinconar penumbras, tinieblas y negritudes. El viaje por la trayectoria del artista termina siendo, para nuestra sorpresa, una invitación al optimismo, una ejemplificación nítida e inequívoca de que es posible dejar atrás el recuerdo de colapsos y cataclismos hasta encontrar espacios en los que nuevas vivencias y nuevas sensaciones puedan encontrar su sitio y su relevancia. De una abstracción oscura, llena de tonos ocres, negros y marrones acumulados en una masa casi informe, acabaremos pasando a colores más vivos y luminosos en los que cobran vida líneas y formas geométricas perfectamente identificables: de la confusión pasamos a la detección incipiente (nunca definitiva) de posibles órdenes y armonías que pudieran trazar vías de escape o de exploración. Por todo lo que llevamos explicado, resulta innegable que Juan Uslé ha sabido ahondar en ese "estilo abstracto expresionista" del que hablaba al principio de su trayectoria y lo ha hecho a través de la plasmación en el lienzo de sentimientos y emociones fuertemente vinculados a su experiencia personal, lo que nos lleva a pensar que el arte contemporáneo es anti-académico no meramente por el hecho de renunciar a formas y procedimientos convencionales sino por la consideración de que no existen, en última instancia, formas y procedimientos que puedan estar desligados del propio interior del artista. En el academicismo, el estilo se impondría por encima de la condición personal del creador, mientras que obras como las de Juan Uslé vendrían a decirnos que sería la condición personal de cada artista la que serviría de guía y brújula para decidir qué técnicas y procesos estéticos serían los adecuados y pertinentes. Lo que queremos decir con ello es que la visita a esta exposición en el Reina Sofía y su observación atenta, minuciosa y reflexiva puede ofrecernos una valiosísima lección sobre algunas de las claves fundamentales sobre las que se sustenta el arte contemporáneo. Además de la oportunidad de profundizar en la figura de Juan Uslé, es un elemento adicional que refuerza el interés que posee ya de por sí esta excelente muestra.
Manthis (1998-1999), cuadro de Juan Uslé
VÍDEO DE LA EXPOSICIÓN
En el siguiente vídeo, pueden ver imágenes de la exposición de la que hemos hablado en el presente artículo:




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